Pero eso es lo que tienes. Y eso es lo que pasa. Imagínate que la sociedad es un telespectador de lo que sucede (en el mundo, claro), un tipo cualquiera; imagínatelo acostado en una silla de dentista. Sin babero. Sin dentista. Sólo una silla marrón con cubiertas de piel, muy cómoda, en medio de un espacio luminoso, y un tipo cualquiera, con pantalones y una camisa, con el culo ahí y la cabeza echada atrás. Recibiendo todo lo que el "espacio público" le ofrece como si fuera un panel solar. Procesando toda esa información.
De alguna manera yo tengo un tipo así en mi cerebro, recibiendo pasivamente toda la información que este mundo me empuja.
Ahora tenemos hecha una base de datos. Ni siquiera es una base de datos ordenada temporalmente, sino que es una base de datos muy desordenada. Ahora me pregunto cómo ordenarla, pero el orden que le dé no me va a dar algo más verdadero que lo que tengo. El desorden que tengo es la verdad de lo que le sucede al tipo acostado en el sofá del dentista recibiendo el espacio público como si fuera la lámpara que te ponen en la cara. Una parte de ese río desordenado de información ha sido calcado y continúo calcándolo, y ahora lo que tengo es una cosa muy incomprensible pero a la vez la calca más fiel de lo que le sucede al tipo del sofá.
Supongamos que nuestro sujeto del que hablamos es un tipo que arranca su coche todas las mañanas a las 7, que todos los días trae ropa limpia. Supongamos que no es muy listo y que trabaja en una empresa donde le va bien y gana no mucho dinero, pero más de lo suficiente. Un tipo que compra, usa y tira los envases de plástico sin ningún cuidado si es necesario hacerlo. No es un tipo que desperdicie, pero tampoco va por ahí sufriendo por cada plastiquito. Un tipo normal. Durante su trabajo se cruza un par de veces con los noticieros de la televisión que a medio día tienen los páneles pintados de rosa. La policía de la puerta del edificio tiene la televisión prendida, por ejemplo. Y no es la única persona. Nuestro sujeto no es exactamente el tipo de persona que va a leer la revista de política más respetada del país todas las semanas, aunque podría leer un artículo sin problemas si se lo recomiendan. Sale a comer la mayoría de las veces acompañado. Cuando va solo lee algo, a veces cosas del trabajo, a veces papeles personales de hacienda y esas cosas, a veces una novela. A veces lee el periódico.
Obviamente está enterado a grandes rasgos de lo que ocurre en el mundo, porque no puede dejar de enterarse, se lo retuitean y la gente habla de eso y hace memes. Se entera de los atentados de Turquía y de París y de que hay guerras en el Medio Oriente. Por supuesto que no sabe dónde queda exactamente Pakistán.
Este sujeto hipotético llega a casa en las noches cansado, come, lava los platos, a veces tiene que ir al super, se conecta un poco a algún aparato electrónico, como al radio de su coche, y duerme. Tiene pesadillas con que no logra ser lo que su abuelo hubiera pensado que eran algunas cosas. Nuestro sujeto hipotético no sabe con exactitud lo que significa "paramilitar" ni "crimen de lesa humanidad" ni entiende nada de arte moderno ni de filosofía ni de literatura contemporánea. Es médico, ponle. O electricista. Al parecer transita por el mundo dándole prioridad a su esfera privada sobre la vida pública. Trabaja en una empresa capitalista, él mismo ansía comprar pronto unos tenis o una chamarra o una corbata o un teléfono, no ve ninguna complicación en eso; por supuesto cree que deberíamos contaminar menos y que la gente debería ser menos pobre pero no le pidas que entienda los vínculos profundos entre el capitalismo y la miseria. No es un mal tipo. Simplemente le da hueva lo que tengas que decir respecto a esos "vínculos profundos". Él sólo quiere salir por cerveza. Ir a comer. Que llegue el fin de semana, tener dinero, jugar videojuegos, o futbol, o correr coches, o armar música en su compu, o ver películas o armar robots. Y por supuesto tiene que trabajar y usar corbata como un montón de gente que vemos en el mundo.
Ese sujeto hipotético imagínatelo como una lámpara encorvada que se levanta del sillón del dentista. Flaco, con sus dos fierritos sosteniendo la campana luminosa, doblado a la mitad. Ahora voltéale la campana hacia arriba y cámbiale lo luminoso y reflejante por páneles solares, y estira la campana para que reciba los fotones del cielo.
Ese tipo que arranca todos los días su coche a las 7 de la mañana y que no le falta dinero, que llega tarde a su casa y que sólo quiere salir a chupar con sus amigos, es un tipo que está enterado de todo. Más o menos. Pero tiene una idea del mundo, por muy pobre que sea su idea del mundo, sí que la tiene. Ese tipo sabe de una cosa y de otra y las junta. Y a ese tipo le pasa por arriba el río noticioso del espacio público pero no lo deja igual, lo empapa. Nuestro sujeto está absolutamente embebido de esa corriente aérea que nos trae noticias del mundo.
Por las mañanas desayuna cornflakes con leche. Mira la etiqueta del frasco de Nutella y BUM le pega el espacio público. Mira la caja de cereal. Mira el frasco de Nescafé. Mira el parquet limpio y pulido donde está sentada la pareja de recién casados de blusas luminosas tomando café, y mira la línea de fondo donde el parquet topa con la pared; y se pregunta si el blanco de esa pared será blanco combinado con una gotita de azul o de amarillo. Se pone el café para llevar y se siente un personaje de Friends saliendo a New York. Hunde sus pies en el asfalto público. Respira las decisiones políticas con las que otros le dan forma al mundo. Tal vez vive en Villa Crespo y hay un parque cerca. O en Iztapalapa y no hay ningún parque cerca. O en Madrid y es un día agitado. Escucha el noticiero de camino, pero de fondo porque en realidad no lo escucha. O lo ve en el metro sin sonido. No le importa nada el índice Nascar.
Esta cosa que yo tengo aquí que es una lista, básicamente. Una lista de links. Es incomprensible pero es la cosa más tangible que he tenido de ese «gran río» que es el espacio público por donde corre principalmente una gran corriente que es la noticiosa. La de las cosas que son noticia.
Habría que preguntarse alguna vez en la vida qué es eso de que la sociedad esté hambrienta por las noticias nuevas y frescas, del día, y que en cambio mientras eso sucede todo el otro conocimiento que la humanidad ha acumulado en el transcurso de los siglos se desaprovecha e incluso se pierde. Díganme cuánto conocimiento perdimos en la matanza de estudiantes e intelectuales de izquierda en Latinoamérica en los 60 y 70 (y 80). Digamos por ejemplo el conocomiento enciclopédico, habría que preguntarse, qué sucede en mi cabeza, cuál es mi reacción, cuando pienso en un mundo en donde se tenga por las enciclopedias, los libros y la historia la misma consideración voraz que se le tiene ahora a las noticias. Imagínate que en vez de ser bombardeados todo el tiempo por el capitalismo y esa programación que tienen puesta en la radio y en la tele, y todo lo bien coordinado que está con Facebook, imagínate que ese huracán de espacio público esté cargado en vez de eso, de historia y de azulejos antiguos. Y que todo mundo supiera cuáles son las etapas de Grecia Antigua, de Egipto, de Babilonia, de la dinastía Lin Tsun y Mesoamérica.
Bueno pues esa corriente, que es obviamente abstracta, pero que es como una masa de aire que uno puede alejar cerrando las ventanas, metiéndose en las cobijas y dándole la espalda, o que uno puede atraer encendiendo la computadora o la radio. Cuando encendemos esas esas, BUM, la corriente de agua del espacio público entra por donde estamos. Aunque nunca se aleja del todo. Por muy lejos que estemos, siempre acabamos enterándonos: tembló en Indochina. Reanudaron el comercio Cuba y EE.UU. Ganó el Oleti. Es como un río que suena siempre de lejos o en el que podemos meternos. Es como un río. Un río de aire, ondas y signos. A veces en la soledad de nuestra casa, en silencio, estamos pensando en algo y PUC, nos toca el espacio público. Sólo porque un significado se nos acercó, como si nos salpicara una ola que no esperábamos. Algo que pensamos que nos recordó a alguien. No importa a quién. A alguien que te toca una fibra, buena o mala, y que te jode recordarlo. Pero PUC, estabas pensando y de pronto ese otro molesto está ahí. Te tocó.
Un río de símbolos.
Esa corriente es una manera de entendernos. Esa corriente me interesa. Es invisible, quizá no existe.
Pero cuando la sociedad empieza a tambalear de un lado a otro, de derecha a izquierda, estrepitosamente; cuando se habla de limpieza social, de un lado, y de otro te saltan militantes de la dictadura revolucionaria, y hay muertos, torturas, desaparecidos y cárceles que funcionan como CCD; cuando los amigos con los que creciste empiezan a soltar comentarios medio fachos, bajita la mano, y no se dan cuenta o no le dan importancia; en total, cuando la sociedad está siendo manipulada y la situación está eriza eriza, ... habría que voltear a mirar ese espacio público, no en abstracto, sino, verdaderamente, tratar de mirarlo por algún lado, a ese discurso que corre por encima nuestro.
Yo estoy atenta. Sé de letras, arte y filosofía. Estoy pendiente del discurso como gato arañando el techo.
Todos nosotros andamos por la vida saludando a otros tranquilamente y haciendo nuestras actividades cotidianas exitosamente. Parece que podemos conducirnos sin que el bombardeo constante del capitalismo afecte nuestro garbo. Pero en el fondo de nuestra cabeza tenemos un Tío John que está sentado, babeando, recibiendo un impacto luminoso constante de este «espacio público» putrefacto.
Esta lista que tengo entre manos es el "objeto", la réplica o los símbolos más tangibles de ese río que pasa por encima del chico en la silla del dentista.
De ese chico que todos nosotros llevamos dentro, ese costado de nuestro organismo que si nos aprietan y alumbran parece que nos tienen todo el día conectados a esa corriente. Con el que nos manipulan. Ese panel solar que tenemos en nuestras cabezas y que se alimenta del otro constantemente.
La invisible corriente del huracán que trae las noticias. Estemos donde estemos. Esa corriente que abrimos cuando prendemos la televisión. Cuando abrimos la puerta de la casa. Cuando sacamos los cornflakes. Cuando hacemos el amor como otros lo hacen. Esa corriente indeterminada que trae cosas. Bueno pues esas cosas que trae no están ordenadas. La corriente te tira constantemente cosas nuevas que acaban de pasar, pero a veces no pasó así como te dijeron y se retractan, o a veces te refluye en la superficie del TimeLine una nota periodística del año pasado; unos se enteran de unas cosas, otros de otras; el orden en el que nos enteramos no necesariamente es el orden en el que se publica la noticia;
este río de cosas pasa, vemos muchas, de casualidad, y luego se nos olvida qué vimos, tenemos una idea pero la idea no es ese pasar de un montón de cosas que pasan en los noticieros.
Esta lista desordenada de links a páginas web, que reportan, supuestamente, algo que sucedió en otro lugar del mundo, no es una fotografía exacta de esa corriente espaciosa por la que se mueve la información, pero este flujo desordenado de links es más o menos lo que nos pasa. Lo que le pasa a la sociedad. Sólo que en vivo y mucho más complejo, esta lista desordenada es apenas un acercamiento borroso a ese fenómeno de la comunicación.
Es una lista dolorosa. Llena de decapitados, maniatados, descuartizados; encuentran cuerpo; comando armado; ejecutan. Es una lista que no se puede leer. Porque duele y da náuseas y no se puede más.
Me dan ganas de ordenarla. De poner por ejemplo todos los avionazos en una pila. Luego todo lo que tiene que ver con niños en una pila. Todo lo que dice «tortura» en otra pila. Al ir avanzando en un cuarto infinito que nunca terminaré de ordenar, me voy dando cuenta de que necesito cambiar mi manera de ordenar ese caos. Y voy entendiendo, afinando. Dejo en paz un rato. Sigo. No me presiono, no tengo que hacerlo. Sólo que tengo tendencia a hacerlo, por mí misma incluso, para darme un poco de orden, para tratar de manejar tantos estrangulados, decapitados, degollados y machetazos. Para tratar de manejarlo de algún modo. Para que por lo menos no sea un enjambre en mi cabeza que picotea por todos lados sino por lo menos tener todo, o lo más posible, de "esto", "acá". Y esto allá. Diferencias.
Esto doloroso es lo que le pasa a la sociedad. ¿Entiendes? Imagínate que la sociedad es un guey en la silla del dentista. Tranquilo, un día soleado.
Es nuestro derecho a crecer tranquilos con páneles solares en las palmas de nuestras manos. Nuestro derecho a confiar. A tener un costado en donde el plantíbulo John se comporta con la boca abierta como si brillara el sol tranquilamente en la pradera. A mamar tranquilamente del huracán. Es nuestra naturaleza. Podemos estar alertas pero al mismo tiempo siempre tendremos facetas en la vida, durante el día, en las que confiamos en nuestro alrededor y lo mamamos con la boca abierta. Al dar un paso por ejemplo nuestro cuerpo se está acoplando a esa ciudad en la que damos el paso, a ese cemento, al camino, a las jardineras a los lados, a los autos, al aire, a la altura de las cosas; el olor, el ruido, el sudor y el llanto de otras personas nos rodean, se nos pegan, todo lo traemos pegado en alguna parte; los calzones de Calvin Klein o de Peter Pan que traemos pegados en los labios vaginales, todo, nuestra existencia entera hasta donde llega a percibir se encarama a la vida pública que nos rodea como un tentáculo completo, esférico, y chupa a la vida y aprende de ella tranquilamente mientras afuera de esa esfera armoniosa estalla el mundo y afuera estamos nosotros también dándonos cuenta de todo lo que nos damos cuenta. Esa otra parte de nosotros que mientras camina ciegamente por la banqueta intenta elucidar las intenciones ocultas de sus compañeros de la escuela.
Para analizar el discurso es necesario estar atentos a los pequeños detalles y a las conexiones inverosímiles. Los discursos presidenciales siempre se articulan de alguna u otra manera con la realidad. Hay que escuchar los detalles singulares, los errores, las repeticiones, las represiones. Hay que escuchar cómo suena la orquesta completa, con secretarios y comités. Hay que escuchar a las paredes, a los baños, a los chipotes que tiene la ciudad. Hay que saber leer qué dice donde dice que las cárceles funcionan al mismo tiempo como centros clandestinos. Cómo se conecta un fenómeno social con otro, si por contingencia o por necesidad. Hay que leer todo el discurso. Leer las revistas, los libros, los edificios, el transporte público, al presidente, al policía, a la ley, a las ganancias, a los peligros.
Pero bien, entre todo lo que hay que saber leer, ¿ya se ha dado cuenta usted que es imposible leer las noticias? Si nosotros juntáramos todas las noticias de, digamos, un año, o dos, ... Todo lo que hay que leer. No lo que juzgamos que va a leer un albañil. Sino lo que juzgamos que por ejemplo un intelectual debe leer. El NYT, El País, The Guardian o The Hufftington Post o TIME. Y debería estar al tanto de lo que publica Sin embargo mx y Animal Político. Y La Jornada, Aristegui, Proceso, Homozapping; y Letras Libres, Horizontal, Associated Press, Financial Times, las columnas del Universal y El Financiero, la tecnología, Naomi Klein, COP21, las bacterias que comen el plástico... Si nosotros juntamos todo lo que supone que nos gusta leer, queremos leer, deberíamos leer, es imposible de leer. En el aspecto noticioso no sucede como con las novelas, que puedes volver a leerlas. Puedes volver a leer muchas. Puedes leer la obra completa de un autor. En el ambiente noticioso no puedes volver a leer la obra completa, es imposible. No hay posibilidad de estudiar o regresar y tenerlo todo completo, bajo control, ordenado, subrayado; puedes hacerlo con alguno que otro punto, aspecto, pero nunca de manera total. No como puedes volver a leer un libro o el contenido bibliográfico de un curso académico completo. En esos casos puedes regresar y volver a leer desde el principio todo. En el caso de las noticias no. Si tú trabajas con las noticias, tienes que dejarlas ir. No puedes hacer como los filósofos y los escritores que regresan a su texto al día siguiente. A lo más si te atrasas con algo puedes volver sobre una nota para corregir el error públicamente, pero no se puede volver a hacer el trabajo para volver a entenderlo y así hasta que se lo entienda bien, como hacen las personas que trabajan con textos. El que trabaja con noticias produce y produce y produce y no sé si alguno nos estamos dando cuenta de que NADIE puede leer ese trabajo y entender qué pasó en el mundo. Es demasiado. Todo lo que podemos hacer es aceptar trabajar con los fragmentos que querramos y podamos.
Yo lo que intento justamente es releer esas noticias. Volver a pasar la vista sobre ellas varias veces hasta poder decir por dónde va cada cosa, cada nombre, cada lugar. Hasta entenderlo mejor. Me aturde, es demasiado. Tan sólo lo que hay que saber de política mexicana ya es demasiado y eso no es ni la mitad de lo que una persona educada debería saber para esta sociedad. Entonces intento guardarlo para repasarlo e incluso anotar esas noticias en algún lugar en el que pueda juntarlas de diferentes modos, como en un blog. Lo mejor que encontré para anotar este tipo de cosas, links de noticias.
Y me doy cuenta de que este dolor que me pasa por arriba tratando de ordenar y trabajar estas noticias de descuartizados y secuestrados es lo que pasa. Lo que le pasa a la sociedad. Que no puede sustraerse a la información que avienta el espacio noticioso, que escucha una cosa aquí y otra cosa allá, que no desea ni remotamente sentarse a releer los periódicos de todos los días para entender apretado por la urgencia lo que está pasando ahora en este momento.
A esta gente que anda con un panel solar en la cabeza le está pasando lo que a mí me está pasando de manera muy consciente. Esta línea del tiempo fracturada que se supone que es más o menos una copia de lo que se alcanza a cachar del huracán que trae las noticias del mundo, que es indigerible y dolorosa, es lo que le pasa a la sociedad. Y lo que la sociedad necesita hacer es un repaso más o menos propedéutico de lo que ha ocurrido.
Podemos ordenar la lista. De hecho yo paso noches enteras haciéndolo. Clasificando las cosas y pensando cómo hacerle para encontrar después las cosas. Todo es únicamente eso que se alcanza a jalar abriendo la puerta de la casa y tirando el anzuelo. Nada es producción propia, yo no voy y encuentro la noticia, le tomo foto y se la reporto. No. Todo es pensando en ese río de información que nos llega a nosotros los que somos manipulados. Todo es un registro de esa noticia que estuvo a la vista de todos. Las que puedo juntar. Las que alcanzo a entender que tengo que juntar. Las que logro rescatar en Google Search cuando comprendo que tenía que rescatarla. Registro lo que puedo. Lo releo a veces, quizá, un día con tiempo. Lo organizo, lo comprendo mejor, lo que significa que es también más escalofriante adentrarse y separar ahí mismo una cosa de otra, sentarse en medio de un desorden y ver las notas una por una, con la memoria en on.
Pero nunca ningún orden que le demos nos va a acercar más a la verdad de lo que pasa. Lo que pasa es este desorden, una noticia a medias encima de otra encima de la cara que no te deja ni ver. Ésa es la verdad, eso es lo que pasa, eso es lo que tenemos que mirar para entender qué le pasa a la sociedad mexicana. Porque nosotros podemos ordenar ficticiamente las noticias, y tenemos que hacerlo, pero el río real fracturado sigue pasando por encima del tipo con jeans y playera sentado en el sofá; nosotros podemos parchar la calca, y debemos, pero eso no parcha la realidad. Este desorden doloroso que hay que empezar a acomodar cuando antes, aunque haya que empezar a ordenarlo, es lo que pasa. Lo que hay que ver. Como si hubiera que postergar un poco la idea de ordenarlo, dejarlo así para entenderlo, para revisarlo. Pareciera. Pero no se puede hacer, es insoportable. Es lo que digo, que tienen que ver lo que es esto porquue esto es lo que está pasando. Es muy doloroso e incomprensible dejarlo así, sólo conducirá a la locura y a más dolor; cualquiera en su sano juicio empezaría de inmediato a tratar de poner un poco de orden en su cabeza frente a ese enjambre de descuartizados.

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