29 may 2017

Yo sé que es un insulto que escriba esto, y que voltearán la cara ofendidos, y que dirán que soy yo la que está mal; pero esto es lo que pasa:

Es domingo en la noche, otra vez, y tengo hambre. Tengo hambre desde hace horas. Entro a la cocina y no puedo comer. Hay un plato sucio. Quiero romperlo pero sólo lo pongo en el lavabo. Salgo de la cocina y apago la luz. Quiero aventar a la pared unas latas que están en el camino. Que son comida. Son de frijoles. Me costó un huevo llamar al super para que trajeran algo de comer (pedí esas latas) a mi psicoanalista le consta que estuve hablando de eso toda la semana. No puedo ir a super, ni siquiera puedo pedir el super a domicilio. Ahora quiero romper esas latas, que son de frijoles. Pedí pollo también porque quiero comerlo pero, guess what? No puedo comerlo. No rompo las latas. Sigo caminando. Tengo una sensación insoportable en los labios vaginales. Me los quiero arrancar. Llevo horas con esa sensación. Camino hasta mi cuarto, me acuesto en la cama, continúo con la sensación. Me duele la cabeza.

Se me quitaría si pudiera hablar con alguien.

No hablar tipo que me atasquen de palabras, como si quisieran metérmelas. Como si me llenaran de cosas que debería de hacer. O creer.

Sino hablar como para saber qué onda conmigo, hablar como interesados en mí. Hablar como personas normales. Tratando de sacar algo de mí, interesados en mí. Como si existiera y estuviera aquí y fuera alguien y tuviera algo que decir, no como un simple receptor de palabras ajenas.

Hoy fue domingo 28 de mayo. Llevo meses así.

Si lo lees un día quizá no te parezca grave. Creo que es imposible que te lo imagines día tras día durante meses: tengo hambre - entro a la cocina - no puedo comer - quiero romperlo todo - sensación en la vagina - me duele la cabeza - estoy sola. Día tras día: me levanto - no sé dónde estoy - tengo hambre - entro a la cocina...

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