11 dic 2017

Estoy bien y harta de dar buenas noticias. Y mal y harta también (auch) de dar malas noticias. Todo es un remolino.

Pasan muchas cosas para estar sentada en un sofá, aunque ya no estoy todo el día sentada en el sofá.

Pero siguen pasando muchas cosas. Me quiero acordar de más cosas de las que me acuerdo. Lo de la amnesia es un tema (con mi psicoanalista).

Hablo bastante más con mis compañeros de clase de alemán, pero hace varias clases que no he ido. A las clases de alemán me inscribí en septiembre con el explícito propósito de que eso me haría salir de casa, me daría algo que hacer, activaría mi deseo, me pondría en contacto con otras personas lo cual es necesario para mantenerse en esos niveles tú sabes de lo que se entiende comúnmente y no por locura; y en cualquier caso sería una cosa muy benéfica para este trabajo psicoanalítico de mi depresión. Me inscribí explícitamente porque tengo una depresión interestelar.




Aunque también desde hace años quería estudiar alemán.

Mi rutina es un poco extraña y a la vez de lo más estricta que he tenido prácticamente en toda mi vida. Excepto esa época en que mi mamá me mandaba a dormir. (Mi mamá nos mandaba a dormir temprano). A las 9 me tomo las pastillas y el efecto empieza entre una y dos horas después. Normalmente estoy cansada y me levanto muy bien al día siguiente, lo más tarde a las 10. A las 9 am me tengo que tomar las pastillas otra vez. Los días que voy a alemán salgo de la casa a las 6 am, y me las tomo entonces.

En el último mes fui a la UNAM, al centro, a las pirámides de Teotihuacán, salí a un bar en La Roma un viernes en la tarde, conocí una panadería (con mi psicóloga), fui al Ajusco, estuve en una manifestación (en la UNAM), estuve en Coyoacán, visité la casa de León Trotsky por primera vez en mi vida, manejé en días libres y en días de tráfico, tomé un pesero por División del Norte desde Av. Coyoacán hasta La Condesa, me subí al Metrobús, desayuné tamales afuera del Metro Auditorio y otra vez compré ahí un Jumex por $20.

Desde que llegué voy una, dos o tres veces a la semana a La Condesa. Desde septiembre que voy a clases de alemán me quedan dos o hasta tres horas libres y eso me obliga a pasear. Me he sentado en fuentes, bancas y terrazas a tomar el sol. Antes del mediodía estoy en mi casa. Excepto en esos raros días en que me quedo a comer afuera o me entretengo con algo. Como con libros en las librerías.

Llevaba como 20 días en el DF y estaba caminando por Circuito Interior a la altura de Agustín Melgar porque venía saliendo de Chapultepec. Eran esos días que me iba caminando a La Condesa. Me encontré una revista para iluminar en un puesto de periódicos, costaba $20 y la compré casi sin dudar, en parte por los dibujos, pero sin saber tampoco de esa moda. En mi casa estaba viendo la revista que decía que era para el estrés y como acababa de llegar pensé que así de estresado estaba México que un ejemplo urbano - mediático - transmisorio de eso era haberme encontrado esa revista en ese puesto de periódicos.

Podría dedicarme a estudiar los puestos de periódicos de esta ciudad.

Me dediqué muchísimo tiempo a iluminar esas revistas. Después me hice experta y llegué a comprar algunos LIBROS completos para iluminar y podía distinguir cuáles estaban en el mercado, cuáles en Gandhi cuáles en el Fondo y cuáles en cafés mamones con librerías y, entre ellas, cuáles eran las chidas. Siempre me fijaba en los puestos de periódicos. Una vez en la calle de Oaxaca compré una muy chida que me costó $60 y por la cual tuve que convencer al vendedor de que le quitara el envoltorio de plástico para poder comprarla.

Luego me compré plumones. Un montón de plumones. En Lumen.

Me entró una época de comprar cositas en la papelería. Entré a algunas papelerías pero vieran la tristeza que dan. Las papelerías deben de tener cositas extrañas de papelería.

Compré muchos acrílicos. De todos los colores, de esos chiquititos que cuestan doce pesos. Antes costaban 7. Los compré para el mural (el mismo de hace años). Pero no las había usado, quedaron meses primero en el sofá, luego, muy pronto, en el piso, todas de pie. Tuve que limpiarles el polvo varias veces en una de ésas en que todo voló salieron volando algunas. Luego las volví a buscar y a poner todas juntas y finalmente alguna vez las levanté del piso y las puse en un buró de dormitorio que estaba en la sala al lado del librero de matemáticas y ahí quedaron dos o tres meses más o menos.

El otro día pinté. Agarré todos los colores, me los llevé al buró de mi cama y me puse a pintar unas cosas muy sencillas. Porque por alguna razón me puse a levantar cosas y levanté tantas que pude volver a mover mi cama a abajo del mural y pude abrir los botes de pintura sin temor a manchar mi ropa tirada. La levanté toda. Arreglé una gran parte de los libreros, no toda. Y después de aventar un par de huevos en la cocina también he dedicado MUY POQUITO a limpiarla. Fantaseo con arreglar el balcón para poder salir a lavar ropa. Aunque a veces pienso que todo está perdido. Normalmente no encuentro una razón que me detenga de romperlo todo, pero también normalmente avanzo con tranquilidad y sobre todo un poco obnibulada por algo. Le digo a mi psicoanalista que es como una inercia por vivir. Una inercia muy profunda.


No hay comentarios.: