No es cierto. Hay 11 bolsas en el piso de la cocina. No todas son negras. Y hay otras 7 en el piso del baño.
No he podido comer. Es difícil escribir justo en las crisis y después no las recuerdo bien. Anímicamente por supuesto que las recuerdo, me pesan en el cuerpo. Pero no puedo decir qué fue lo que pasó. Quizá podría decirlo durante la crisis, pero es muy difícil hablar entonces.
No puedo comer. Tengo hambre, incluso tengo comida hecha, pero no puedo imaginarla entrando por mi garganta. Quisiera que alguien me acompañara a comer, con amor querer comer.
Estuve muy cansada todo el día, pero no pude dormir. Ahora me acabo de tomar las pastillas.
Este imán. Vivo en un sexto piso y parece que el asfalto allá abajo tuviera un imán conectado a mi cabeza.
La soledad. Un gran enojo por la soledad.
Saber que de alguna forma tengo que escribirlo, pero no poder escribirlo, saber que después se me va a olvidar, visualizar todas las veces que me he sentado en el psicoanalista sólo a llorar, quizá porque sólo recuerdo lo que he vivido en la semana con el alma, y no con la cabeza. Y sentir, saber más que sentir, ese daño. Esa estupidez. Saber que olvido cosas me hace llorar.
Llorar sentada en la regadera pensando en esta cosa de querer matare y al mismo tiempo poder escribir. Se escribe para otro. Como si el otro no hubiera muerto en mi vida, sigue presente. Lo cual quiere decir que todo va bien, ¿no? Teorizar en medio del llanto esta manera que tiene el otro de subsistir como si fuera una inercia inevitable y que de todas formas está este imán 6 pisos abajo. Llorar por eso, sobre todo. Por la injusticia. Por no tener ya por qué vivir y porque no pude hacer nada evitarlo, porque lo hice todo para evitarlo y (lol) igual parece que vivir ni tiene lugar ni es digno de ninguna manera. Como si no me quedara de otra. Pensar en hacerlo. Pensar que tengo que escribir aunque después lo haga. Pensar en esta cosa insensata cruel y dolorosa de tener la necesidad de escribirlo como si la puta que lo parió me importara qué dirán, qué entenderán de mí. Me importa. La puta que lo parió.
Llorar hasta que duela la cabeza. Encontrar ese llanto que no desahoga. Volver a llorar. Y después volver a llorar y esta vez indefinidamente que parece que te vas a asfixiar tú misma. Querer romperlo todo. No tener ya nada qué romper.
Querer arrancarme la cara. Acercar el encendedor prendido a la mesa de madera, en vez. Pensar en querer quemar todos los libros. Aventar los libreros por la ventana. Tirarme yo después. Pensar que no quiero hacerlo. Molestarme por pensar en encontrar después un remanso. Encontrar después un remanso, con el pelo mojado y el gato lamiéndomelo para limpiarme del baño.
No he comido.
Hay dos bolsas más en la sala. Se me habían olvidado.
La estupidez de necesitar escribir cuando no quieres necesitar de los otros y encima sentir un tufo a fracaso al hacerlo y la ardidez de sentir la necesidad de seguir haciéndolo.
No querer decirlo. Decirlo a condición de no volver a hablarte.



1 comentario:
un grupo de hombres y mujeres de conocimiento me enseñaron a usar las plantas y a dar masaje. Uno de los conocimientos sobre las plantas fue este. La planta es simbiotica con el hombre, y cuando se usan son como si fueran extensiones de uno mismo. Una planta al usarla hace que veas las cosas de manera diferente, aparecen pensamientos que antes no existían o no estaban a la mano, esos pensamientos siempre han estado en uno, uno puede darse cuenta de eso, pero no estaban tan accesibles como después de tomar una planta. Es de esta manera que al sensibilizarte de esto, puedes dar cuenta como ciertos pensamientos toman peso en ti. Los pensamientos tienen la caracteristica de encarnarse, de dar comandos al cuerpo. Por ejemplo un pensamiento puede producir enojo, si ese enojo no es resuelto, ese enojo sigue presente, aunque aparentemente el evento caiga en el olvido. Que hace el cuerpo con el enojo si no esta resuelto, lo deposita en una parte de el mismo. Esa es una explicacion mazateca. Esos sentimientos que se depositan en el cuerpo, enojo ira, apego, se pueden mover a traves de los masajes. Con las plantas puedes aclarar el pensamiento, agregar sentires, dar cuenta como ciertos pensamientos predominan. Te cuento esto porque he pasado algo parecido o cercano a lo que vives. De niño fui violado, y 20 años después experimente un secuestro. No quiero decir que sea igual, no me atrevo a decirlo, creo es lamentable lo que te ha pasado, y se que es un evento sin igual, sin comparaciones. Llega la ayuda, sin mas sin permiso, para dar cuenta de los pensamientos, del sentir, del cuerpo donde se realiza todo, y del deseo. El Deseo Verdadero, no el deseo que nos venden como erotico, o como un capricho. Es el Deseo, que se forja en la piel, un porque si, que es tu Querer, que bien se puede apagar.
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