¿Es éste todavía mi blog? ¿Todavía existe blogger o ya lo migraron con todas mis fotos como le pasó a Picasa?
Iba saliendo de psicoanálisis, que retomé hace dos semanas, pensando en que quizá debería escribir lo que me pasa con el psicoanálisis porque si no se me olvida. Se me olvida como un coche sin frenos en una autopista de hielo: it just disappears. Había fantaseado con que la misma psicoanalista me lo propusiera después de que yo le dijera cómo el retomar el psicoanálisis me había hecho reaccionar inconscientemente a cosas que había dicho en sesión y darme cuenta. No se lo dije. O más bien se lo dije ya en la puerta, de salida, y pensé (pero ya no lo dije) que a lo mejor debía tomarme más en serio las cosas que fantaseo que mi psicoanalista me sugiere.
Iba bien. Saliendo de ahí me atacó lo de siempre, una sensación de no tener absolutamente ningún plan en la vida, ni siquiera uno para regresar a casa, un poco como si hubiera caído en un instante del espacio exterior, sin ninguna historia en esta Tierra. Hice lo que ya estoy acostumbrada a hacer: escuchar a mi corazón. Suena loco, pero mi corazón me habla realmente. Quiero decir: en español. Di vuelta a la izquierda llegando a la esquina.
Luego pasé al super. Compré milanesas.
En el cruce de Schiller y el circuito Gandhi, yo venía entrando a Polanco, dos bicis se esquivan mutuamente, una tercera venía atrás y una camioneta roja (en realidad era color vino (tinto)) les toca el claxon. Las tres biciletas cruzaron por el paso peatonal ciclista (el verde). Las tres bicicletas se van, dos iban saliendo de Polanco y una tercera seguió derecho por el circuito. Yo y el de la camioneta entramos a Schiller. Esa esquina es una de LAS TANTAS esquinas conflictivas para los ciclistas en esta ciudad, yo la cruzo todos los días y todos los días es un peligro, especialemete cuando vas saliendo.
La lógica asesina del ciudadano que ha normalizado la muerte es que el ciclista tiene que parar y dejar pasar a los coches. La realidad es que ésa es una calle muy amplia y despejada donde desde lejos puede verse que ahí por lo menos alguna vez estuvo pintado un paso peatonal.
Algunas personas desafiamos esa lógica y simplemente no nos detenemos. Los coches tienen tiempo suficiente para ver que alguien está cruzando. Lo que no hacen porque no quieren o no tienen la costumbre, o simplemente su lógica les dice que todos alrededor deben dejarlos pasar hasta que el tráfico crezca a tal punto que sea imposible para ellos moverse.
Decidí emparejarme a la camioneta roja. Le toqué el vidrio. Cuando lo bajó le dije que los ciclistas tenían preferencia.
Me dijo que sí lo sabía pero que esa bicicleta se le había metido, que si lo había visto (no lo había visto). Le contesté que iba a velocidad de una bicicleta, me dijo que casi lo atropellaba, le dije que no debía atropellarlos, me dijo que él lo sabía, que él mismo era ciclista. Le dije que sólo tenía que bajar la velocidad al llegar al paso peatonal, me dijo que le hablara con respeto, le dije que le estaba hablando con respeto, me dijo que él me estaba hablando con respeto, le pregunté que qué le había dicho sin respeto y me dijo que lo de "sólo tienes que".
Por ahí la conversación fue más larga, y le dije cosas de las que me arrepiento (le puse de ejemplo Europa, creí que era uno de sus tipos that would give a shit about that. No lo vuelvo a hacer.) Pero en ningún momento le dije algo irrespetuoso. Él me interrumpió varias veces y parecía que su estrategia era llenar de palabras más altas que las mías el espacio de tiempo del semáforo. Yo no dije más porque estaba viviendo un incendio adentro de mí y no podía dejar de verlo como uno de esos imbéciles que son capaces de hacerle creer a otros que ellos son las víctimas de nuestros cuestionamientos.
Después me puse frente a él y anduve a velocidad de caracol dos ó cuatro metros. Tenía que dar la vuelta para incorporarme a Rubén Darío, él seguía de frente por Schiller. Cuando me rebasó me dijo "uy qué mala". Tardé en entender que era sarcasmo. Ya estaba profundamente metida en mis pensamientos.
Pensaba que aquello era justo de lo que estábamos hablando en psicoanálsis. Estaba teniendo una reacción de esas fulminantes.
En sesión hablaba de una chica de la que me enamoré, de cómo a ella le molestó que yo me enamorara, de cómo intenté evitarlo pero de todas formas me atravesó y de cómo estaba todo bien hasta que me mintió y me bloqueó de sus redes.
¿Y qué hiciste cuando llegaste a tu casa y te diste cuenta de que te había bloqueado?
Me convertí en un Alka-Seltzer en reacción hasta las diez de la noche, le contesté. Me vuelvo como un volcán.
Eso era exactamente lo que me estaba sucediendo y cuando pude darme cuenta fue un alivio para el corazón. Aún sentía ese ardor en el pecho, esa molestia en el alma después de un enojo, pero estaba mucho mejor.
1 comentario:
Un saludo, ix.
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