20 feb 2008

Direccionales


Vamos a ver, esto es algo que no puedo entender más que recurriendo a violencias metafísicas y completamente inútiles.

El sujeto A está manejando en el carril de alta. El tráfico empieza a estancarse. El sujeto A necesita salir en X para llegar a su destino. Prevee su salida con varios kilómetros de antelación y pone su direccional para avisar que va necesitando cambiar de carril. El sujeto B, que maneja en el carril de en medio, percibe la direccional del sujeto A y decide cerrarle el paso pegándose al coche de enfrente. A pesar de esta didáctica, es posible que el sujeto A no cambie su destino y le siga siendo necesario utilizar la salida X. El sujeto B percibe la insistencia del sujeto A, pero algún extraño razonamiento le hace pensar que el fulano tiene sólo el capricho de ponérsele enfrente. El sujeto B1, ubicado atrás del sujeto B, parece razonar de la misma manera. A se desespera porque cada vez está más y más cerca de su salida. Como en el transcurso de toda esta actividad es poco probable que A cambie su destino, digamos que es poco probable que A deje de trabajar en Revolución justo en el momento en que B decide cerrarle el paso, la necesidad de A eventualmente forzará las maniobras para entrar en el carril de B. Alguno de los dos se enojará. El suceso se repite en el siguiente carril, donde se encontrará con un sujeto C que las más de las veces piensa y actúa igual que B. Así por todos los carriles que ocupe hasta llegar a su destino.

La práctica puede verse como un deporte que los capitalinos y algunos otros conductores urbanos del país suelen practicar entre semana con el propósito de llegar calientes a la oficina y no dudar al momento de chingarse a alguien. El deporte, sin embargo, puede llegar a ser odioso si uno no se ha levantado con un optimismo cínicamente impenetrable. Y es estúpido, es terriblemente estúpido.

La frase que se suele escuchar en el Periférico, sobre todo si uno no viene tan bien acompañado, es “no dejes que se te meta”. No dejes que se te meta. ¿Qué chingados quiere decir? ¿Quiere decir que si no dejas que se te metan vas a cambiar el rumbo y el destino de tus cohabitantes? ¿Quiere decir que porque no te importa vas a cambiar el rumbo del que se te quiere meter? Vamos a ver, el tipo no se te quiere meter, qué desparrame de egocentrismo: el tipo necesita agarrar una salida.

Sueno tan inocente que no acabo de anotar la estupidez que subyace en estos comentarios. La idea de fondo que sustenta o justifica que alguien diga no dejes que se te meta, es una creencia. O la ausencia de una creencia, más bien. Como en todo, lo que justifica una acción es una creencia de fondo o un procedimiento irracional. Estas personas no creen que la gente a su alrededor exista. Muy rigurosamente esto es lo que creen. No les dan la categoría de personas a las que están a su alrededor. Para ellos esas otras personas no son tales. No tienen trabajos, historias, necesidades o rumbos. Para ellos el destino les pone todos los días miles de coches a su alrededor nada más por joder. Para ellos no existe la ciudad, la política o la realidad en sentido estricto. Levitan en una nube de creencias más metafísicas que la religión.

5 comentarios:

Rodrigo Hernández dijo...

¡qué carambas! hace tiempo una amiga me dijo que esta avidez de movimiento le parecía una especie de ballet.

ix dijo...

¿...yo?

ix dijo...

rayos, fui un creyente, ya no más,
buena explicación de lo que sucede, sigue escribiendo

Anónimo dijo...

rayos, fui un creyente, ya no más,
buena explicación de lo que sucede, sigue escribiendo

ix dijo...

¿¿??!!
¿¿cómo hiciste eso??