Antes me gustaba mucho mi blog y no entendía por qué sólo yo lo leía. Ahora es al revés: no me gusta y no entiendo cómo hay gente que lo lee.
No sé por qué escribo. No sé cuál es mi obsesión con eso se hacer coincidir forma y fondo. O sí, un poco. Hay mucho. La filosofía es esquizofrénica y yo escribo para hacer unidades, aunque esto sea incomprensible. Es decir, yo me entiendo cuando digo "la filosofía es esquizofrénica y escribo para hacer unidades", pero sólo yo me entiendo. Si escribo, si lo escribo es para hacer comprensible lo que supuestamente entiendo (por eso es necesaria la publicidad, es necesario adquirir el compromiso de hacerse a una misma comprensible). Escribo por eso, para no engañarme a mí misma creyendo que entiendo algo que desmenuzándolo es obvio que no entiendo.
Es parcialmente eso, con una añadidura. La lectura no es sólo información. No sé si alguna vez sea realmente lo que entendemos por información. Es posible que ni siquiera las instrucciones sean sólo información. La lectura es interpretación, y es eso lo que abre en mi cabeza una brecha esquizofrénica que me agarra. En esos periodos no hay nada en mi vida que se le escape, es el alma la que no entiende, la que queda suspendida, estúpida. Se necesita una hipocresía infinita para seguir viviendo, y como yo no tengo tal habilidad es necesario volver a engranar las partes «before the eyes». Al tratar de hace coincidir fondo con forma lo que pretendo es captar la brecha... cursimente. Meterla en un saco como Peter Pan a su sombra.
En otras palabras: no quiero informar sobre la brecha, porque las brechas tienen facilidad para escaparse de esas estrategias. Uno informa sobre la brecha, pero la brecha sigue ahí, ejerciéndose, abriéndose donde uno no la puede ver.
No. Tampoco quiero captar la brecha.
No sé qué quiero.
Por ejemplo: la repetición crea la inmortalidad y la mortalidad. Es la inmortalidad la que nos muestra la mortalidad, o en otras palabras: es la ausencia la que nos muestra lo imposible, un límite irrebasable. Esa ausencia es la crítica constante, la perpetua imposibilidad. La perpetua imposibilidad, el futuro. El futuro está continuamente haciéndose desde lo impensable, es posible desde la repetición infinita. Pero este futuro nos señala nada menos que la muerte, nuestra mortalidad.
Es un juego de espejos.
Es lo que intenté hacer en Red Flower, por ejemplo. Mostrar la repetición en uno y otro segmento, mostrar esa brecha imposible, enlazarlo con la historia. Enlazar. Ése es mi trabajo.
El problema es que cada vez me complico más, cuando debería ser al revés. En mi afán por mantener la forma, enredo el fondo. Escribo para no engañarme, pero cada vez me engaño mejor.
Tengo pendiente un post sobre ob-littlea, pero aún tengo que ensayar la obliteración.
No sé por qué escribo. No sé cuál es mi obsesión con eso se hacer coincidir forma y fondo. O sí, un poco. Hay mucho. La filosofía es esquizofrénica y yo escribo para hacer unidades, aunque esto sea incomprensible. Es decir, yo me entiendo cuando digo "la filosofía es esquizofrénica y escribo para hacer unidades", pero sólo yo me entiendo. Si escribo, si lo escribo es para hacer comprensible lo que supuestamente entiendo (por eso es necesaria la publicidad, es necesario adquirir el compromiso de hacerse a una misma comprensible). Escribo por eso, para no engañarme a mí misma creyendo que entiendo algo que desmenuzándolo es obvio que no entiendo.
Es parcialmente eso, con una añadidura. La lectura no es sólo información. No sé si alguna vez sea realmente lo que entendemos por información. Es posible que ni siquiera las instrucciones sean sólo información. La lectura es interpretación, y es eso lo que abre en mi cabeza una brecha esquizofrénica que me agarra. En esos periodos no hay nada en mi vida que se le escape, es el alma la que no entiende, la que queda suspendida, estúpida. Se necesita una hipocresía infinita para seguir viviendo, y como yo no tengo tal habilidad es necesario volver a engranar las partes «before the eyes». Al tratar de hace coincidir fondo con forma lo que pretendo es captar la brecha... cursimente. Meterla en un saco como Peter Pan a su sombra.
En otras palabras: no quiero informar sobre la brecha, porque las brechas tienen facilidad para escaparse de esas estrategias. Uno informa sobre la brecha, pero la brecha sigue ahí, ejerciéndose, abriéndose donde uno no la puede ver.
No. Tampoco quiero captar la brecha.
No sé qué quiero.
Por ejemplo: la repetición crea la inmortalidad y la mortalidad. Es la inmortalidad la que nos muestra la mortalidad, o en otras palabras: es la ausencia la que nos muestra lo imposible, un límite irrebasable. Esa ausencia es la crítica constante, la perpetua imposibilidad. La perpetua imposibilidad, el futuro. El futuro está continuamente haciéndose desde lo impensable, es posible desde la repetición infinita. Pero este futuro nos señala nada menos que la muerte, nuestra mortalidad.
Es un juego de espejos.
Es lo que intenté hacer en Red Flower, por ejemplo. Mostrar la repetición en uno y otro segmento, mostrar esa brecha imposible, enlazarlo con la historia. Enlazar. Ése es mi trabajo.
El problema es que cada vez me complico más, cuando debería ser al revés. En mi afán por mantener la forma, enredo el fondo. Escribo para no engañarme, pero cada vez me engaño mejor.
Tengo pendiente un post sobre ob-littlea, pero aún tengo que ensayar la obliteración.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario