
Soy una medusa. Me di cuenta hoy que manejaba de regreso a casa. Ya era tarde y no había tráfico. Venía listando cosas que tengo que leer. Sartre, Freud, Lacan, Butler, Braunstein, Irigaray, Marx. Y Kant, la Crítica de la Razón Práctica, que no he leído y a donde en último término caigo.
Soy una medusa. Las lecturas se me salen de la cabeza, todas diferentes. Como no tienen nada que ver unos con otros, unas lecturas con otras, unos autores con otros, y como deben tener algo que ver para mi tesis, todas esas cabezas se vuelven animales salvajes que sólo quieren morderse entre ellas porque no tienen nada que ver y están obligadas a vivir juntas.
Así me siento siempre. Nunca me alcanzará el tiempo para leer, comprender y meterlas a todo en el mismo guacal. Cuando he leído todo lo que tenía que leer, entoces ha pasado mucho tiempo, demasiado tiempo, a las primeras lecturas les han salido cabezas nuevas, problemas nuevos, y hay que volver a leerlas.
Cuando no ha pasado tanto tiempo, mi cabeza aún no digiere.
Me comen. Las hojas, los nombres, las letras, los significados. Me comen por anudarlos a todos con un mismo tema.
Mi única opción es dejarlos libres. Que anden por donde les plazca. No hacer nada. Leer sin hacer nada, sin tratar de acorralarlos.
Entonces las lecturas quedan ciegas, leer sin parámetros es como leer sin líneas. Leer con parámetros es tener un animal peligroso en la cabeza. De modo que para poder ver tengo que tener en la cabeza una Medusa, a riesgo que quedarme de todos modos ciega de encontrar espejos.
Estoy desesperada.
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