1 oct 2008

Lo catártico y la construcción del yo

A propósito, en muchísimas cosas, de mis quejas personales conmigo misma.

¿Catártico hacia dónde?, me parece que es la pregunta inicial. Decir catártico es ya implicar la existencia de algo más que no sea yo.

Y decir "yo" es, demonios, implicar esa existencia. Yo / Otros. Se hace un yo porque hay un otro.

Desde aquí se podría aparejar lo catártico con el yo; sea que se hable de un método psicoanalítico, de un juicio estético (¡!) o de un un juicio ético (lástima que tiene por objeto la piedad). Lo catártico es eso que va de un lado a otro. Que, en mejores palabras, sale, se va.

Y no me quiero poner gráfica, pero el asunto es más o menos como la caca.


Efectivamente, lo catártico además es valuado como tal, al menos en cuanto a literatura se refiere.

Me imagino en filosofía: ¿filosofía catártica?

Hoy en la mañana, en el baño, mantuve conmigo misma una discusión parecida, que giraba, en ese caso, alrededor de otro tema: sobre si la crítica puede ser mantenida a título personal.

Mi opinión es que no: la crítica (la literatura, la filosofía), como las palabras, no puede ser sostenida sin el otro.

Pero si a ésas nos vamos, la locura tampoco.

En la filosofía hay algo: aspira a la verdad. Si la filosofía es filosofía, entonces dice algo que es cierto. En pocas palabras. Y en pocas palabras también: lo imposible es saber si es filosofía o locura con maestría.

La filosofía deshace y crea. Digamos que el momento de una publicación es el menos filosófico de un filósofo, aunque estrictamente necesario. Es el momento en que está seguro de algo.

Estar seguros de algo. Pero no seguros a modo del objeto a (¿tengo pendiente un post sobre el maldito título de este blog?... título, además, obliterado. La tengo pendiente), sino seguros a modo de certeza que clava la mirada en su objeto.

Certeza puesta ahí para ser destrozada, manzana en la cabeza.

Mjm.

Hum.

No es poco estar seguros de algo. Decir algo puede ser la salvación. O... a ver, un momento, paren todas las armas: tener algo puede ser la salvación.

Tener algo que decir... a otro. Un movimiento, un de aquí a allá. Dos lados. Algo fuera del yo.

Pero desde aquí toda literatura/filosofía es catártica.

Éste es el momento de agarrarse los pelos y echarse hacia atrás.


A ver, con precisión: el "yo" no construye al "otro" más que en su frontera, no le da contenido. Es una función.

Si la catársis se va a lo otro, dejamos de tenerla. Eso que se va, ¿el resto?

El otro día, malditos filósofos, le pedí a alguien que no tirara su cigarro ahora que nos habían regalado otro.
¿Quieres el resto?, me preguntó con énfasis y sonrisa irónica.
Na' más le faltó preguntar si lo deseaba.
El resto, aleccioné, nunca es visible.


En todo caso aquello que sale de la filosofía y la literatura no es un resto invisible, sino objeto de ataque.

La plática del yo-yo, lejos de ser catártica, entonces, es la puesta en escena, la presencia, el objeto de ataque. ¿Qué otra cosa podría ser objeto de ataque si no es la presencia?

Otra cosa es que el yo-yo sea multitudinario o no. Y aquí hablo de los otros que no son tan otros: la idea de otros.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hoy es tres. =)



Y vine porque quise escribir algo lindo.

Pero mejor te digo: qué bueno que es tres.

Abrazote.