Domigo: todo es un caos. Ni siquiera debería de estar escribiendo esto, pero todo está tan caótico que no tengo absolutamente ninguna otra salida. No quiero hablar con nadie. Todas las múltiples personas que se me vienen a la cabeza, TODAS pueden chingar a su madre. Y extraño a mi ex novia. Y odio llamarle ex novia.
¿Qué puede ser tan importante y requerir todo mi tiempo y hormonas y ánimo y cabeza y atención como para que no mantenga limpia mi casa?, ¿y qué es eso tan importante y tan poco valorado que no tengo dinero, ya no se diga para pagarle a una mujer que limpie mi casa (nótese que dije mujer, estoy del nabo), sino ni tan siquiera para compar un trapeador nuevo?
Mientras trapeaba dije: el lenguaje. Y me sentí iluminadísima.
Además tengo que presentar dos trabajos de ética en una semana y no tengo más que esta idea confusa que se come a sí misma porque probablemente NO ES UNA IDEA.
Yo no sé vivir. Y no entiendo a Kant. Y estoy loca. Y tengo hambre y mi cocina es un desmadre y no tengo cigarros y no quiero salir.
Y me levanto tarde, me acuesto tarde, no me quiero parar de la cama, tengo sueños extraños, odio la luz, odio bañarme, odio a la gente.
Y tengo dos entradas en las que me pasé años escribiendo y ahora ni están listas ni me parece que lo estén antes de que caduquen.
Ésa soy yo: soy un ejército de bailarinas que caducan antes de entrar al escenario
¿Qué puede ser tan importante y requerir todo mi tiempo y hormonas y ánimo y cabeza y atención como para que no mantenga limpia mi casa?, ¿y qué es eso tan importante y tan poco valorado que no tengo dinero, ya no se diga para pagarle a una mujer que limpie mi casa (nótese que dije mujer, estoy del nabo), sino ni tan siquiera para compar un trapeador nuevo?
Mientras trapeaba dije: el lenguaje. Y me sentí iluminadísima.
Además tengo que presentar dos trabajos de ética en una semana y no tengo más que esta idea confusa que se come a sí misma porque probablemente NO ES UNA IDEA.
Yo no sé vivir. Y no entiendo a Kant. Y estoy loca. Y tengo hambre y mi cocina es un desmadre y no tengo cigarros y no quiero salir.
Y me levanto tarde, me acuesto tarde, no me quiero parar de la cama, tengo sueños extraños, odio la luz, odio bañarme, odio a la gente.
Y tengo dos entradas en las que me pasé años escribiendo y ahora ni están listas ni me parece que lo estén antes de que caduquen.
Ésa soy yo: soy un ejército de bailarinas que caducan antes de entrar al escenario

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