Parecería que hay que organizar los textos para que tengan una mejor difusión. En realidad es así. El simple texto es una organización más difundible que la palabra hablada, aunque esté grabada en youtube. Hay que pensar por ejemplo que para entender a Mireles hay que escuchar sus videos, que te llevan cada vez exactamente el mismo tiempo quelque le tomó a él hablarlos. Incluso aunque busques el enunciado preciso en el minuto preciso, cualquier enunciado podría leerse más rápido de lo que se escucha una frase. En el texto puedes buscar más rápido que en el video, y de varios golpes seguidos encontrar por ejemplo exactamente las frases subrayadas que necesitas. Cualquiera tiene un lápiz. Lo que no cualquiera hace es marcar y encontrar en un video lo que se necesita, además de que la marca está puesta finalmente sobre una banda visual negra que no te dice nada más que el minuto, no se marca por encima del sonido visualmente.
Entonces, parecería que hay que organizar los textos para que tengan una mejor difusión y es cierto, empezando porque la misma escritura es ya una organización y pasando en algún punto por el hecho de que toda historia está enmarcada, es el encuadre mismo, tiene un principio y un final, es parcial, tiene un inicio, desarrollo, clímax, desenlace, moraleja o no, sentido, resumen, número contado de párrafos, de temas, de enunciados, de tipos de enunciado: TODO PUNTO DE VISTA ESTÁ ENMARCADO. Y bibliografía o copyright.
Pero quiero decir que es una paradoja (más). En realidad yo puedo partirle lo que tengo que escribir en 8 capítulos, 6 capítulos, 7 capítulos y un enlace o puedo repartirlo en 500 entradas de blog y 21 kilos de tuits. O puedo juntarlo todo en un solo post, publicarlo una sola vez e irme a hacer lo que tengo que hacer. Finalmente el texto está ahí, ¿no? Y uno puede cortarlo por frases y después mover las frases ¡QUÉ VA!, lo hacemos, todo el tiempo andamos en la cabeza con frases recortadas que tomamos de periódicos y revistas y en fin todo lo que significa público que incluye hasta las recetas de tu mamá que no son de-ella sino de-la-historia.
Hablando de sentirnos chiquititos respecto al espacio público y de que esto lo podría escribir en otro lado, es del todo cierto que yo podría escribir todo lo que tengo que decir en un maldito texto y que da igual. Y que en verdad puedo irme a hacer otras cosas y esperar que usted lo lea cuando tenga tiempo y según le vayan cayendo de a centavitos los millones.
Eso me suena a lo que nos dijo una vez nuestro buen amigo Daou: en el universo son finitas las combinaciones de textos que podamos hacer con las 29 letras que tenemos si consideráramos un límite de pon tú 100 páginas. Eso significa que de alguna manera todos los textos están ya escritos, aunque no tengamos la posibilidad de calcular todos esos textos. Aunque quizá una máquina sí.
Hay gente que ha preferido no encarar esta verdad en pos de la libertad y yo le repito que no andamos a ningún lado si no medimos bien la cancha.
A propósito, dejaré para otra ocasión lo que nuestro amigo varias veces ha insinuado sobre la libertad. Queda del todo hacerlo así.
Sólo andando el camino con el cuerpo y es imposible no andar ningún camino. Pero sólo haciendo cosas andamos el camino político. Otros caminos no sólo son también importantes, son el sustrato del camino político. Hay que trabajar en la vida, o sea enfocarse en la vida y no en la muerte, para poder andar en lo político, que en griego significa lo comunitario.
Es cierto que podría escribir esto en un solo texto y que eso podría leerse con o sin capítulos en medio, tanto como es cierto que existen 29 ó 32 letras y que las combinaciones son finitas si le ponemos un límite a la cantidad de caracteres.
La cosa es que en verdad yo no podría escribir cualquiera y esperar que se leyera igual. En verdad. Con toda verdad. Podría escoger medios más difundibles. Podría hacer más digeribles los textos esperando que así tuvieran otro futuro.
Las implicaciones sobre creer que los medios determinan o no el fin y sobre si la sustancia existe o tiene sólo accidentes al momento de cruzar y cómo por el paso peatonal. Lo prometo. Un día será porque en eso estamos. Y mis razones por ahora son asunto entre yo y mi analista.
Le decía que es falso que escribiendo de cualquier manera llegamos a los mismos fines y que yo me siento obligada a dividir de la mejor manera estos panes, en mi caso es correcto porque a veces se nos descompone la balanza y tengo que dividir una masa grande en 8 pedazos iguales si no quiero cobrarle a uno de más y a otro de menos, aún a sabiendas de que hay paradojas en eso de que hay que escribir textos cortos, puntuales y saber dividirlos.
Me parece que con que escriba párrafos cortos y puntuales usted sabrá dividirlos a su manera y a su tiempo.
Pero por el otro lado es inevitable que cada texto empiece de una manera y tome cierto ritmo. El sentido de un texto. –hay una objeción muy grande a las 29 letras, ó 32, y es que aún así las lecturas son incontables y no se limitan a 2500 palabras en el diccionario que es, ya nos dijeron, mil veces, por qué dejamos que los analistas políticos ahora escribiendo columnas no lo sepan, ES EL CEMENTERIO.
El diccionario es el cementerio.
Y ni hablar de la cantidad de sentidos que podrían escogerse tomando en cuenta que de un lado tenemos gente muriendo (fusilada por el Ejército Mexicano o bombardeada por el gobierno de Israel o asesinada en Siria o ¿cuánta gente se está muriendo ahora por cosas hasta porque la atropellaron cuando se trata de accidentes del todo evitables si tan sólo no anduviéramos tanto diciendo mentiras como que esta y otra ley y este y otro manténgase informado y éste y otro analista público y este y otro grupo armado?) y del otro lado tenemos gente que no sabe nada publicando sus zapatos en Facebook. La gapa que tenemos en el mundo entre los que se benefician tirando bombas y los que en serio se benefician de no enterarse es muy amplia y no sé cuál es la mejor manera de hablar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario